El guardarropa masculino de primavera: qué conservar, qué guardar y qué incorporar - Diaz Echegaray

El guardarropa masculino de primavera: qué conservar, qué guardar y qué incorporar

La primavera tiene una particularidad que la vuelve especialmente interesante para vestirse.

Nunca termina de decidir qué estación quiere ser.

Salimos de casa con una mañana fresca, al mediodía buscamos el sol y cuando cae la tarde volvemos a necesitar una chaqueta.

En Buenos Aires, además, septiembre puede regalarnos días que parecen anunciar el verano y, apenas veinticuatro horas después, recordarnos que el invierno todavía no se fue del todo.

Por eso, preparar el guardarropa para la primavera no debería significar guardar toda la ropa de invierno y salir a comprar una colección completamente nueva.

Significa algo mucho más inteligente:

editar.

Guardar algunas cosas.

Conservar otras.

Recuperar prendas que habíamos olvidado.

Y quizás incorporar unas pocas piezas capaces de darle una nueva energía a todo lo que ya tenemos.

Antes de comprar, revisar

El cambio de temporada es uno de los mejores momentos para observar nuestro guardarropa.

No para contar cuánta ropa tenemos.

Para descubrir cuánto de todo eso realmente utilizamos.

Conviene sacar las prendas, probarlas y hacerse algunas preguntas.

¿Me queda bien?

¿La utilicé la temporada pasada?

¿Sigue representándome?

¿Está en buenas condiciones?

¿Puedo combinarla con varias cosas que ya tengo?

A veces descubriremos prendas excelentes que simplemente habíamos olvidado.

Otras veces entenderemos por qué determinada camisa lleva dos años sin salir del placard.

Antes de agregar algo nuevo, necesitamos saber qué tenemos.

Qué guardar

Hay prendas que pueden descansar hasta el próximo invierno.

Los sweaters más pesados.

Los abrigos gruesos.

Las bufandas de lana.

Las prendas térmicas.

Los tejidos demasiado voluminosos.

Pero guardar no significa simplemente empujar todo hacia el fondo del placard.

La ropa debería guardarse limpia.

Los bolsillos, vacíos.

Los abrigos, cepillados.

Los zapatos, limpios antes de permanecer meses sin utilizarse.

Una prenda bien guardada puede regresar el próximo invierno prácticamente como la dejamos.

Una mal guardada puede envejecernos un año en apenas unos meses.

Qué conservar

Aquí aparece la parte más interesante.

Muchas prendas que utilizamos durante el invierno funcionan extraordinariamente bien en primavera.

Un blazer azul.

Un pantalón sastrero.

Una camisa blanca.

Un buen jean.

Un sweater fino.

Un cardigan.

Una chaqueta liviana.

Un trench.

Unos mocasines.

Unas zapatillas sencillas.

La diferencia estará en cómo los combinamos.

El sweater que durante julio utilizábamos debajo de un abrigo puede convertirse ahora en la última capa.

El blazer puede reemplazar al sobretodo.

La camisa puede llevarse sin sweater.

El pantalón de lana más liviana puede acompañarnos perfectamente durante buena parte de la temporada.

Cambiar de estación no siempre requiere cambiar de ropa.

Muchas veces alcanza con cambiar la manera de usarla.

Las capas se vuelven protagonistas

Si existe una palabra especialmente útil para vestirse en primavera es capas.

Pero capas ligeras.

Una remera debajo de una sobrecamisa.

Una camisa con un sweater fino.

Un polo tejido acompañado por una chaqueta.

Una camisa y un blazer desestructurado.

La ventaja es evidente: podemos adaptar el conjunto a medida que cambia la temperatura.

Además, vestir por capas aporta profundidad visual sin necesidad de utilizar prendas llamativas.

La clave está en evitar el exceso.

Primavera necesita ligereza.

Aligerar los tejidos

No solamente cambian las prendas.

También cambian los materiales.

La lana pesada empieza a ceder espacio a tejidos más livianos.

Algodón.

Lino.

Mezclas de lino y algodón.

Lana fría.

Denim menos pesado.

Tejidos de punto fino.

La textura de una prenda modifica inmediatamente la sensación de un conjunto.

Podemos continuar utilizando pantalones largos, camisas y chaquetas, pero cuando los materiales son más ligeros toda la imagen empieza a sentirse diferente.

Introducir color sin transformar el guardarropa

La primavera suele venir acompañada de una explosión de color en las vidrieras.

Eso no significa que nuestro placard tenga que imitarla.

Una base de azul marino, blanco, beige, gris, crudo, marrón o verde oliva puede funcionar perfectamente durante toda la temporada.

Después podemos introducir color en pequeñas dosis.

Una camisa celeste.

Un polo verde.

Un sweater en un tono más luminoso.

Un pañuelo.

Incluso unas medias.

No necesitamos vestirnos como la primavera.

Alcanza con dejarla entrar.

El blazer encuentra su mejor momento

Pocas prendas funcionan tan bien durante esta época como un buen blazer.

Especialmente aquellos menos estructurados y confeccionados en tejidos livianos.

Puede utilizarse con camisa y pantalón sastrero cuando necesitamos algo más elegante.

Con un polo para un conjunto más relajado.

O incluso con una remera sencilla y un buen jean.

La primavera permite recuperar esa zona particularmente interesante del guardarropa masculino donde lo formal y lo informal empiezan a mezclarse.

Y ahí suelen aparecer algunos de los mejores conjuntos.

El calzado también cambia

Las botas que nos acompañaron durante todo el invierno pueden empezar a alternarse con opciones más livianas.

Mocasines.

Derbies.

Zapatillas minimalistas.

Zapatos de gamuza.

Pero hay algo que no cambia con la estación: el estado del calzado.

Un zapato sencillo y bien cuidado siempre tendrá mejor aspecto que uno extraordinario abandonado.

También es un buen momento para revisar aquello que utilizamos durante el invierno.

Limpiar.

Reparar.

Cambiar cordones.

Llevar al zapatero lo que sea necesario.

El final de una temporada es el mejor momento para preparar la siguiente.

No adelantar el verano

Uno de los errores más frecuentes cuando aparecen los primeros días cálidos es actuar como si enero hubiera llegado anticipadamente.

Todavía estamos en primavera.

Y justamente parte de su atractivo está en poder seguir utilizando prendas que desaparecerán cuando llegue el verdadero calor.

Pantalones.

Camisas.

Chaquetas livianas.

Tejidos finos.

Mocasines.

Blazers.

No hay necesidad de pasar inmediatamente al uniforme de bermudas y remera.

La transición también merece disfrutarse.

Qué incorporar

Después de revisar, guardar y reorganizar, quizás descubramos que realmente falta algo.

Ese es el momento de comprar.

No antes.

Puede ser una buena chaqueta liviana.

Un pantalón de algodón.

Un polo tejido.

Una camisa de lino.

Un blazer desestructurado.

Unas zapatillas sencillas.

Unos mocasines.

Pero la elección debería surgir de una necesidad concreta.

No de una lista que alguien publicó diciendo qué debemos comprar esta temporada.

La mejor incorporación es aquella que inmediatamente podemos imaginar combinada con varias prendas que ya poseemos.

Aprovechar el cambio para editar

Cada cambio de temporada ofrece una oportunidad que va mucho más allá de ordenar el placard.

Nos permite comprobar cómo está evolucionando nuestro estilo.

Quizás determinados colores ya no nos representan.

Quizás descubrimos que compramos demasiadas prendas para ocasiones que casi nunca existen.

Quizás nuestro trabajo cambió.

Nuestro cuerpo cambió.

Nuestra vida cambió.

Y nuestro guardarropa debería acompañar esos movimientos.

No necesitamos conservar algo solamente porque alguna vez nos gustó.

El placard no debería convertirse en un archivo de todas las personas que alguna vez fuimos.

Debería ayudarnos a vestir a la persona que somos hoy.

La primavera no necesita un guardarropa nuevo

Necesita una mirada nueva sobre el que ya tenemos.

Guardar lo que terminó su temporada.

Cuidar aquello que queremos volver a encontrar el próximo invierno.

Conservar las prendas capaces de acompañarnos durante la transición.

Combinar de otra manera.

Aligerar tejidos.

Incorporar algún color.

Y comprar solamente cuando descubrimos una verdadera ausencia.

Porque vestirse bien no consiste en empezar de cero cuatro veces al año.

Consiste en construir un guardarropa que pueda evolucionar con nosotros.

Y quizás esa sea una de las mayores señales de que finalmente desarrollamos estilo:

cuando cambia la temporada, pero no necesitamos cambiar nuestra identidad.

Coach de Imagen - Experto en Moda Masculina. @diazechegaray

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